
Daniel Capristo, un vecino de Valentín Alsina, fue asesinado ayer a las 20:30 por un niño de 14 años que intentó robarle el auto a su hijo. Esta vez no lo leí en los diarios, sino que yo estaba allí, a dos cuadras de distancia y escuché cada uno de los seis disparos que acabaron con su vida. Las ambulancias y los patrulleros brillaron por su ausencia, así que fueron los propios vecinos quienes llevaron a Daniel al hospital y atraparon a uno de los dos delincuentes, que luego fue detenido por la policía.
Entre insultos, llantos y lamentos, los vecinos comenzaron a reclamar la presencia del intendente y de las autoridades. Tiempo después se presentó el fiscal de la causa y la gente preguntó en qué comisaría protegían al niño asesino. El fiscal no respondió y fue entonces cuando comenzó la lluvia de golpes y puñetazos que lo llevaron al hospital. Con esto comprobé que es cierta la frase

popular, “la violencia trae más violencia.” Este hombre se acercó a los vecinos con la intención de colaborar con lo que había sucedido, y lo destrozaron. Es muy comprensible la bronca y la impotencia de la gente, pero no estoy de acuerdo con eso de linchar al que no tiene la culpa, al que se acerca a buscar una solución. Después se enteraron de que el niño asesino había sido llevado a la comisaría 7ma de Lanús, luego a una de Florencio Varela.
La gente está destrozada por la muerte de sus hijos y de sus hermanos, acribillados en cualquier calle, y, también, por la muerte de sus ancianos padres, reventados a golpes en sus casas. Que una criatura de 14 años mate a un hombre de 45 sólo lo vi en el gobierno de Cristina Fernández. Lo peor fue cuando llegué a mi casa, después de los incidentes, y vi en la televisión la publicidad que se hace Francisco de Narváez, hablando (simpático y entrador) de combatir la inseguridad. ¿Pero la gente no se da cuenta de que los problemas de la sociedad, NUESTROS PROPIOS PROBLEMAS, sirven para la venta de la campaña de los políticos? Esto me indigna y debe indignarle a todos.
Que chicos de 14 años estén matando en la calle significa que tenemos un sistema educativo deficiente, que no otorga conocimientos de ningún tipo, ni ética, ni valores morales a los ciudadanos. Significa que tenemos un sistema democrático que falla, que tiene fisuras gravísimas: gente incapacitada para votar y políticos deshonestos (precisamente sin ética ni valores morales). Es un círculo vicioso. Nuestro sistema hace de la ignorancia una herramienta, dejando las escuelas hechas pedazos y construyendo casas que a la semana están arruinadas y que son estratégicas villas miseria dónde recaudarán votantes en el futuro. El problema es que la ignorancia, aparte de traer desocupación y problemas sanitarios, entre otras muchas cosas, trae violencia: resentimientos sociales y medios primitivos para conseguir las cosas, sin importar quien mate y quien muera. Nadie estudia para trabajar y progresar; la viveza está en tener un arma y salir a robar lo que se quiere tener.
Cristina Fernández ha provocado la división de nuestra sociedad en “negros” y “blancos”, alimentó odios estúpidos, despertó la furia de argentinos contra argentinos, mientras deja entrar cantidades de inmigrantes ilegales que vienen a usurpar tierras y a traer más miseria y más delincuencia, y más drogas, y más armas, y más y más furias sociales. Si el niño asesino no vino de afuera, estoy segura de que estaba bajo los efectos de las drogas que sí vienen de afuera.
Argentina era un país hermoso donde la mayoría, la clase media, era gente alegre, buena, humilde, que se indignaba por la desaparición de 30.000 personas. ¿Y ahora? Ahora la mayoría prefiere una buena rapada en la comisaría y un largo toque de queda, a cambio de esta delincuencia sin códigos. Y hasta yo pienso que al niño asesino le hizo falta la colimba que probablemente no le faltó al hombre que mató.
Odio que nuestra inculta sociedad quiera volver a la Lex Talionis porque las estrellas de la tele dicen “el que mata tiene que morir.” Pero es cierto que ya no se puede permitir que el terror sea implantado por la misma sociedad, es decir, antes conocíamos a los que implantaban el terror: era el Estado. Pero hoy no conocemos a los que implantan el terror: no es el Estado, esta vez son actores de nuestra sociedad, están mezclados entre nosotros y no nos podemos defender. Eso demuestra que nuestra deficiente democracia no asegura ni garantiza los derechos humanos de nadie. Cristina está haciendo las cosas mal, está usando la democracia para lucrar y no para representar al pueblo. El pueblo está pidiendo seguridad y ella no cumple. El sentido de la democracia está en que el pueblo elija, y el pueblo está eligiendo y no se lo está escuchando. Pedimos seguridad, pedimos educación, pedimos salud porque se supone que nosotros tenemos que decidir. Pero se nos está violando la decisión, ¿qué clase de democracia está aplicando, Sra. Presidente, que no obedece ni representa a la pobre gente de su país?
Un mocoso de 14 años sabe perfectamente que un arma es para matar, y el 14 de Abril fue a matar, es un individuo perfectamente consciente de sus actos. Por lo tanto debe ser imputado como corresponde a cualquier persona responsable de sus actos. A partir de los 12 años cualquier individuo sabe lo que hace y por qué lo hace y, sobre todo, reconoce sus propias intenciones. Que el Estado aplique la pena de muerte es una locura, pero sí debe aplicar leyes más eficientes y cadenas perpetuas. Los tiempos cambian, los adolescentes ya no juegan y los sistemas deben adaptarse a la nueva situación y, ante todo, tratar de restaurar los valores perdidos usando la educación como herramienta.
Agustina Chavero.